El robo de autos como móvil de los homicidios

En 2015, a esta altura del año, habían matado a un policía cada once días. En lo que va de 2016, la frecuencia aumentó: sólo en el área metropolitana un policía fue víctima de homicidio cada siete días. La cifra demuestra claramente el crecimiento de la violencia y el hecho de que, aunque estén de civil, los matan por pertenecer a la fuerza de seguridad, sea porque se identificaron y tuvieron que dar la voz de alto o porque los agresores descubrieron el arma asomada entre la ropa de la víctima.

Existe otro hecho que preocupa. La mitad de los seis policías que asesinaron en los primeros 44 días de 2016 fueron asesinados cuando circulaban de civil y les quisieron robar el automóvil o la moto en la que se movilizaban. Esto demuestra que el robo de automotores aumentó. Y si estos delitos no disminuyen es porque existen “reducidores” que los compran. En el mundo del delito se cumple un axioma: se roba lo que se puede vender.

En 2003, el entonces ministro de Seguridad bonaerense, Juan Pablo Cafiero, y el entonces secretario de Seguridad de la Nación, Norberto Quantín, concluyeron que a más de la mitad de los policías asesinados ese año los habían matado cuando se resistieron a que les robaran los autos. Entonces ambos funcionarios atacaron los desarmaderos. A partir de la aplicación de esa medida, a los dos años se redujo notablemente la cantidad de uniformados asesinados. Algo que hoy no está vigente.

 

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